Por Amalio A. Rey
Las redes de orden superior se llaman “comunidades”, cuyo rasgo distintivo es el sentido de pertenencia. Saben gestionar muy bien la tensión entre el yo-socializador y el yo-individualista. Tienen bajas barreras a la salida, pero también, una voluntad de compartir que ayuda a generar estructura y a moderar egos. 7 fuerzas “centrípetas” y “centrifugas” vertebran o fracturan respectivamente las redes [no] empresas.
Estas dos últimas semanas han sido intensas en debates sobre redes. La historia empezó con un post de Nacho que dibujaba una empresa de consultores diferente a la que estamos acostumbrados, y que sintonizaba bastante con mi empresa ideal, al que le siguió Odilas con su “imagina una [no] empresa de consultores”, en el que proponía a las redes como una alternativa a la empresa.
María Jesús nos invitaba a que hablemos de redes “productivas” y “estables”, y no de meros constructos para colaboraciones puntuales y aisladas, y es ese el propósito de la entrada que reseño aquí (éste es sólo un extracto del artículo que puedes bajarte en PDF).
La pregunta que me propuse responder es ésta: ¿cómo tienen que ser las redes[no]empresas que se juntan a trabajar para unos clientes/beneficiarios que esperan unos resultados determinados dentro de unos plazos y unos costes, y que lo hacen además cultivando una relación continuada?.
Esa descripción no es baladí porque es difícil poner en duda la superioridad de las redes para actividades como el aprendizaje colaborativo (tipo “comunidades de práctica”), la generación de ideas, la experimentación de nuevos abordajes culturales o movilizarse a favor de alguna reivindicación colectiva; pero aquí estamos hablando de otra cosa:
Como sostengo en el artículo, tales exigencias solo pueden cumplirse si concebimos redes de orden superior, algo más que “redes”, y que llamaría de un modo distinto, para distinguirlas de las dinámicas basadas en lazos débiles, que son buenas para lo que son, para propiciar conexiones aleatorias y creativas, pero no para servir productos y servicios al exigente entorno productivo.
Edu me facilitó la pieza que me faltaba, cuando me dijo “redes no, comunidades”. Lo que diferencia una “comunidad” de una “red” es una característica que eché en falta en el imaginario descrito por María Jesús, y se llama “sentido de pertenencia”.
Pero no basta con eso. El viaje de red a comunidad necesita de muchas otras condiciones, y la primera de todas es que las “fuerzas centrípetas” que favorecen la cohesión de grupo superen en intensidad a las “fuerzas centrífugas” que obedecen a las expectativas más personales de sus miembros.
He dicho “gestionar”, pero la verdad es que ese sentido de comunidad depende en gran medida del perfil o talante de los miembros, así que lamento ser un poco determinista. Como le comentaba a @Odilas, al final pesa mucho la personalidad y las neuras de cada uno.
Algunos somos más sociales que otros. A unos les obsesiona más el estigma de la pérdida de independencia, mientras que otros aceptan con agrado ceder autonomía a cambio de un sentido más colectivo de lo que hacen.
En cualquier caso, lo que yo digo es que sin sentido de pertenencia no se consigue una red cohesionada, estable y productiva; y que aquel no debería plantearse como un acto de renuncia tan doloroso.
En las comunidades sanas el sentido de pertenencia responde a una elección voluntaria, porque a los miembros del grupo les gusta ser parte de esa red, compartir inquietudes comunes y un sentido vital de propósito.
Esto último es fundamental para que el sentido de pertenencia sea auténtico, pero OJO, no quiere decir que nos libere de hacer sacrificios. Si alguien piensa eso, se equivoca:
Algunos sacrificios hay que hacer, pero los justos. La esencia de una red es generar y aprovechar sinergias, y éstas no se producen por generación espontánea, sino que exigen un proceso de construcción de confianza y de compromiso. Para ello hay que generar estructura, dinamizar interacciones y también, cómo no, moderar los egos.
Para responder a esa pregunta te invito a leer el artículo completo en PDF (extensión: 3 folios), donde presento una tabla con las 7 fuerzas “centrípetas” que ayudan a crear comunidad, y las “centrífugas” que tienden a producir el efecto contrario.
Esas 7 fuerzas que actúan vertebrando o fracturando las redes [no] empresas pueden darte algunas pistas de dónde poner el foco en la construcción de comunidades de este tipo. Espero que su lectura te sea útil…
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Tras leer el artículo completo me quedan algunas dudas.
La tabla de fuerzas centrípetas y centrífugas parece lógico y, seguramente, hay buenas prácticas referidas a la construcción de comunidades que vienen a corroborar su contenido. Me pregunta sería ¿que evidencia experimental pueda haber que demuestre que estos son factores los factores importantes y no otros?
Otro cuestión interesante es que pueda haber cierta tensión si no oposición de factores del mismo signo entre sí. Por ejemplo la vocación de compartir y el talente socializador puede entrar en conflícto con los criterios acceso restrictivos.
Por último, de momento, plantear que no todas las fuerzas parecen tener la misma potencia. Si observamos comunidades de incuestionable éxito, por ejemplo el Opus Dei que encaja estupuendamente para el caso; factores como el liderazgo estructurado parecen haber dado lugar a una capacidad de intervención que otras comunidades no han tenido.
Al igual que @Odilas soy partidario de los agentes libres. Respecto a las comunidades, como bien dices, importa el equilibrio de fuerzas centrípetas y centrífugas.
Quizá la ventaja de los modelos empresariales es que las reglas de juego de todos los actores están delimitados por una extensa regulación social (explícita, legal, o implícita, cultural). Las comunidades son más arriesgadas y/o más interesantes. :-))
Saludos, Peter
Peter:
Que alegria verte por aqui. Tus comentarios son muy interesantes.
Lo primero que quiero reconocer es que se trata de un tema muy complejo. No es posible reducir la vida a un modelo, y menos aqui. Respondo a tu reflexion:
1) ¿"evidencia experimental"? Pues mira, la que he tenido yo como "en-redador" y "en-redado", más lo que he podido leer de otros. En mi trabajo de consultor participo, como sabes, en varias redes. Unas más "débiles" que "otras", y en el artículo lo que cuento es mi percepción de esas experiencias.
2) ¿Son estos factores los importantes y no otros? Pufff... no lo se, éstos son los que yo he percibido. Seguro que si nos juntamos a darle vueltas al tema, a pensar juntos, encontramos otros, y lo mismo borramos algunos. Por el momento son mis "conclusiones", es decir, el punto en que me cansé de pensar :-))
3) ¡¡por supuesto que hay "tensión" entre factores del mismo signo!! Esta muy bien que lo aclares, porque es algo que no comenté en el artículo. Las redes-comunidades son sistemas en "equilibrio inestable", donde hay que ajustar constantemente las piezas. Calibrar unas fuerzas con otras. Pero por afinar tu argumento, lo que puedo decir es que esas 7 "fuerzas" aparecen en un lado o el otro de la tabla según el impacto que pesa más. Es decir, las "centripetas" tienden más a "construir", el vector que suma pesa mas que el que potencialmente puede restar si no se gestiona bien. Pero esa "tensión" a la que aludes puede dar lugar a varios articulos mas, analizando la relación que se produce entre pares del mismo signo.
4) Las fuerzas habría que ponderarlas, asi es. Pero no me atreví a establecer un orden porque era meterme en un verengenal que exige muchas explicaciones. Pero ademas, porque veo difícil que se pueda establecer un "órden único". Depende mucho de los tipos de redes-comunidades. He preferido dejarlo abierto. De hecho, como habras visto, he puesto como fuerza-7, la última, las sinergias-complementariedades, que me parece probablemente la mas importante.
5) Soy consciente desde que escribi el articulo que la fuerza de "liderazgo estructurado" podría ser la mas cuestionada y polémica. Pero precisamente mi experiencia en-redando me obliga a ser honesto. Me ha costado reconocerlo, porque sabes que soy mas anarquico, mas de "sistemas emergentes", pero si hablamos de "comunidades" que "trabajan" para entornos exigentes, es fundamental que haya un liderazgo activo, es decir, personas que tiren mas del carro (varias, no una), y sobre todo, "reglas de juego" medianamente claras y consensuadas. El Opus Dei es otra cosa, no es (como te podras imaginar) lo que yo llamo "liderazgo" en estos tiempos. Eso es jerarquia y autoritarismo obsoleto.
6) Me cuesta hablar de "modelos empresariales" en general porque prefiero reconocer la biodiversidad, que la hay.
gracias, Peter, interesante reflexión. Seguimos pensando... a ver si la gente se anima...
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